Casi todas las startups empiezan igual: unos pocos fundadores, mucha energía y un reparto del capital hecho en una tarde, normalmente a partes iguales. El reparto refleja el compromiso de ese día. El problema es que el compromiso cambia y el porcentaje no. Si un fundador deja el proyecto al año, se lleva un trozo de una empresa que construirán otros, y los que se quedan trabajan para él.
El vesting es la respuesta a eso: que cada fundador consolide su participación con el tiempo que dedica al proyecto, de modo que quien se va pronto conserva solo la parte que se ha ganado.
Por qué en España no se hace igual
En los modelos anglosajones, el fundador recibe acciones que la sociedad puede recomprar si se va antes de tiempo, o recibe acciones que se le van entregando. En una sociedad limitada española, las participaciones se asumen y se desembolsan al constituir o al ampliar capital, y no existen participaciones que se ganen solas con el paso del tiempo.
Lo que se hace, por tanto, es dar a cada fundador todas sus participaciones desde el principio y pactar que, si se va antes de cierto plazo, los demás socios (o la sociedad) tienen derecho a comprarle las que todavía no ha consolidado, a un precio fijado de antemano. Técnicamente es una opción de compra sujeta a condiciones. En la práctica produce el mismo efecto que el vesting americano.
Las piezas del mecanismo
Un vesting bien redactado resuelve, como mínimo, estas cuestiones:
- Plazo total. Lo habitual son cuatro años, con consolidación mensual o trimestral.
- Cliff. Un periodo inicial, normalmente de doce meses, durante el cual no se consolida nada. Quien se va el décimo mes no se lleva nada; quien cumple el año consolida de golpe la parte correspondiente.
- Good leaver. Salidas que no se consideran culpa del fundador: fallecimiento, incapacidad, despido sin causa por parte de los demás. Suelen permitirle conservar lo consolidado y vender el resto a precio de mercado.
- Bad leaver. Salidas por incumplimiento grave, competencia desleal o abandono voluntario antes de plazo. Suelen suponer la venta de las participaciones no consolidadas, y a veces también de parte de las consolidadas, a un precio inferior, por ejemplo el valor nominal.
- Aceleración. Qué pasa si la empresa se vende antes de terminar el plazo. Es frecuente pactar que se consolide todo o parte de lo pendiente, para que el fundador no pierda su parte justo cuando se materializa el valor.
Dónde se escribe para que funcione
Todo lo anterior va, por naturaleza, en el pacto de socios. Pero el pacto tiene un límite que conviene conocer: obliga a quienes lo firman, no a la sociedad (artículo 29 de la Ley de Sociedades de Capital). Si el fundador que se va se niega a vender, habrá que reclamarle el cumplimiento, y eso puede llevar tiempo.
Por eso los buenos vestings se apoyan también en los estatutos. Una herramienta útil son las prestaciones accesorias (artículo 86): la obligación estatutaria de cada fundador de dedicarse al proyecto. Su incumplimiento voluntario es causa legal de exclusión del socio (artículo 350), lo que da a la sociedad una vía propia, además de la contractual. Conviene no sobrevalorarla: si el socio tiene el 25 % o más del capital y no acepta la exclusión, el artículo 352 exige además una sentencia firme, y la exclusión obliga a pagarle el valor razonable de sus participaciones. Por eso el pacto sigue siendo la pieza principal.
Hay que cuidar el precio. Un precio de salida muy penalizador para el bad leaver es defendible, pero uno desproporcionado invita a discutirlo en los tribunales. La cláusula tiene que poder explicarse ante un juez.
Cuándo hacerlo
El mejor momento es al constituir, cuando todos confían en el proyecto y en los demás. El segundo mejor es antes de la primera ronda: es habitual que el inversor profesional lo pida, y es mejor diseñarlo entre fundadores que recibirlo impuesto en un term sheet. Sobre lo que mira el inversor antes de entrar hemos escrito aparte: los números que decide una ronda.
Para los empleados clave, la herramienta equivalente son los planes de opciones sobre participaciones. La Ley de Startups (Ley 28/2022) mejoró su fiscalidad en las empresas emergentes, entre otras cosas elevando de 12.000 a 50.000 euros anuales la exención por entrega de participaciones a trabajadores, y conviene diseñarlos a la vez que el vesting de los fundadores para que no se pisen.
Qué necesitamos para diseñarlo
Con el reparto actual del capital, lo que aporta cada fundador (dinero, dedicación, conocimiento) y un horizonte razonable de la primera ronda, un vesting se diseña y se redacta en pocos días.
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Este artículo recoge información general con finalidad divulgativa y no constituye asesoramiento jurídico ni recomendación de inversión. La normativa citada puede haber sido modificada con posterioridad a su publicación; contraste siempre el texto vigente antes de tomar una decisión.
